Nuestro entorno físico no solo determina la manera en que nos movemos o realizamos nuestras
actividades diarias, también influye directamente en nuestra mente, nuestras emociones y hasta en la calidad de nuestras decisiones. La psicología ambiental y la neurociencia han demostrado que los espacios en los que pasamos tiempo pueden afectar nuestro nivel de estrés, concentración, motivación y bienestar.
